La NDC 3.0 de México fija recortes de emisiones a 2035 y cero neto a 2050, presionando a transporte y logística a electrificar flotas y volverse resilientes.
México llegó a la COP30 con un documento bajo el brazo que, aunque parece técnico, va a cambiar la forma en que se mueven bienes y personas en el país: la Contribución Determinada a Nivel Nacional 3.0 (NDC 3.0). Detrás de las cifras de reducción de emisiones hay un mensaje claro para transporte y logística: el modelo actual está viviendo tiempo extra.
La NDC 3.0 compromete a México a alcanzar cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050 y a reducir entre 31% y 37% las emisiones netas para 2035, respecto al escenario tendencial. También reafirma que, hacia 2030, al menos 38.5% de la generación eléctrica deberá provenir de energías limpias.
Todo esto se discute mientras el país impulsa el Plan México, una estrategia para atraer inversiones industriales y de infraestructura que, de entrada, eleva la demanda de energía y transporte, especialmente en corredores ligados al nearshoring.
Aunque la NDC 3.0 cubre sectores como energía, industria, agricultura y bosques, para la comunidad logística hay un dato que no puede ignorarse: el transporte de carga es uno de los principales responsables del crecimiento de emisiones en México.
A nivel global, diversos estudios estiman que el movimiento de mercancías por carretera se duplicará en las próximas décadas, si no hay cambios estructurales.
En el caso mexicano, esto implica que:
Más tráilers, tortons y camiones urbanos circularán cada año para seguir abasteciendo manufactura, comercio electrónico y cadenas de exportación. Si nada cambia, la huella de carbono del sistema logístico crecerá justo cuando el país se comprometió a recortarla.
La NDC 3.0 no trae una lista detallada de medidas por sector, pero sí marca la dirección de viaje: más eficiencia energética, electrificación progresiva y resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
Al cruzar el contenido de la NDC 3.0 con las tendencias globales en logística baja en carbono, se pueden anticipar al menos cuatro grandes líneas de presión sobre el sector:
- Electrificación y combustibles alternativos
- Electrificación de flotas urbanas y de última milla.
- Pilotos con camiones de mediana distancia eléctricos o híbridos.
- Experimentos con biocombustibles o hidrógeno en segmentos específicos.
- Eficiencia logística dura
- Políticas para reducir kilómetros vacíos, optimizar rutas y consolidar cargas.
- Incentivos o exigencias para mejorar factor de carga, uso de doble remolque donde sea eficiente y seguro, y coordinación multimodal.
- Ciudades más estrictas
- Municipios y zonas metropolitanas podrían avanzar hacia zonas de bajas emisiones, restricciones horarias y requisitos de tecnología mínima para acceder a ciertos polígonos.
- Resiliencia climática
- Planes de continuidad operativa ante inundaciones, olas de calor, incendios y desastres que ya afectan carreteras, puertos y patios.
Nada de esto aparece como decreto mañana, pero la dirección está fijada: los inventarios nacionales de emisiones serán el termómetro que indique qué tan rápido se tienen que mover las regulaciones y los incentivos.
La NDC 3.0 se aprobó al mismo tiempo que México promociona el Plan México para atraer megaproyectos de nearshoring, data centers, parques industriales y nuevos corredores logísticos.
Esto genera una tensión evidente: Cada nueva planta, parque o centro de distribución trae más camiones, más energía y más emisiones. Pero el país se comprometió a recortarlas de manera drástica en menos de 10 años.
La única forma de cuadrar la ecuación será que la logística que crece sea, al mismo tiempo, mucho más limpia y eficiente.
Aunque la NDC 3.0 parezca lejana para operadores de flota, 3PL y dueños de centros de distribución, sus efectos empezarán a colarse rápidamente en: Contratos con multinacionales, que ya exigen reportar emisiones de Alcance 3 (cadena de suministro) y pedirán planes claros de reducción. Planes estatales y municipales de movilidad y calidad del aire, que usarán la NDC como paraguas para endurecer reglas. Esquemas de financiamiento, donde bancos y fondos valoran cada vez más la huella de carbono de proyectos logísticos.
Para el sector, mitigar emisiones ya no será un tema de “responsabilidad social”, sino de competitividad: quien no pueda demostrar avances quedará fuera de ciertos clientes, rutas o financiamientos.
La historia no está escrita. Si el sector logístico y de transporte se anticipa, la NDC 3.0 puede ser: El pretexto perfecto para modernizar flotas envejecidas con vehículos más eficientes y seguros. Una puerta a nuevos negocios: desde servicios de logística baja en carbono hasta consultoría y tecnología para medición y gestión de emisiones. Un catalizador para que México se venda no solo como plataforma de costos bajos, sino como hub de manufactura y logística climáticamente responsable.
Si, por el contrario, se espera a que lleguen las normas sin haber hecho la tarea, la transición se sentirá como un impuesto encubierto sobre cada kilómetro recorrido.
Por ahora, lo único seguro es que la NDC 3.0 ya está presentada y registrada ante la ONU. Y que, le guste o no al sector, la conversación sobre logística en México ya tendrá que incluir, siempre, una pregunta nueva: ¿cuánto carbono cuesta mover esto?
FUENTE-ENERGYMAGAZINE